THE GODFATHER III RECUT

FRAGMENTO DE UN CONCIERTO

BOBINA / REEL

domingo 14 de diciembre de 2008

Críticas: My Blueberry Nights (2008)

MY BLUEBERRY NIGHTS

 

Hay trenes que no llevan a ninguna parte. Sin embargo, a veces mantener un rumbo es lo único que necesitamos para darnos cuenta de que “se está mejor en casa que en ningún sitio”, de que la solución a nuestros problemas estaba desde el principio en nuestras manos, y de que el amor, en ocasiones, puede encontrase en los lugares más inesperados; algo así como lo que le pasa al pobre Charlton Heston en El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1968), pero a la inversa.

En el caso de My Blueberry Nights (Wong Kar-Wai, 2007), la Ruta 66 desde New York hasta Las Vegas hace las veces de agente catártico para Elizabeth, personaje interpretado por la cantante Norah Jones (Geethali Norah Jones Shankar, la hija del mítico Ravi Shankar), y le hace darse cuenta de que “no hay nada de malo en la tarta de arándanos [‘blueberry pie’]”, y de que ella no tuvo la culpa de la ruptura con su anterior pareja.

En el Festival de Cannes se le achacó a la película el terrible defecto de ser un “remix” de todas las obras anteriores del mismo director. Por supuesto, Won Kar-Wai no lo ha reconocido, pero es innegable que el film destila constantemente elementos calcados de Chungking Express (1994), Happy Together (1997), In the Mood for Love (2000) y 2046 (2004), tan numerosos que no merece la pena citarlos.

Tal vez, con esta cinta, su director está demandando otra clase de público, no necesariamente americano, pero sí uno de mirada más inocente, e incluso algo ignorante, sobre todo en lo que respecta a sus ya mencionadas obras anteriores. No en balde, ésta es su primera película de habla inglesa, y es lógico, por tanto, que esté destinada a un público mayoritario al que se deba acceder de un modo algo más comercial.

No obstante, el verdadero defecto de My Blueberry Nights se deriva de todo lo anterior: la mecanización de esquemas y recursos hace que la película sea menos fresca que las otras, quizá también porque las acciones escritas sobre el guión están más destinadas a la mentalidad oriental que a la occidental, y eso hace que te creas menos a los actores, pese a que sus actuaciones son magníficas. Por otro lado, el director se toma demasiadas licencias audiovisuales, no sólo por versionarse a sí mismo, sino por colocar “pegotes” como el del fragmento de la banda sonora de Diarios de motocicleta (Walter Salles, 2004), en la secuencia de la carretera.

Wong Kar-Wai no utiliza guión para sus películas, va improvisando la historia a medida que avanza el rodaje. Por consiguiente, el problema intrínseco de My Blueberry Nights es la premeditación, la intención de crear un producto para un público. Pero, a pesar de todo, merece la pena probar la tarta de arándanos. Dejará un buen sabor de boca.

 

jueves 8 de mayo de 2008

Viejas Críticas: Ray (2004)

Ray

 

La adaptación cinematográfica de la vida de Ray Charles Robinson es el resultado matemático de un binomio bien avenido; es decir, que Taylor Hackford más Jamie Foxx es igual a Ray, o lo que es lo mismo, a la fusión del blues con el gospel, o de la melomanía del director de Oficial y caballero con la espiritualidad del actor de Collateral quien, todo sea dicho de paso, se parece más al difunto Ray Charles que el mismo Charles.

El biopic encabezado por Hackford busca mezclar tendencias de otras películas similares en las que se narran las aventuras y desventuras del músico americano, puesto que Ray Charles reúne dos características fundamentales que aseguran el éxito de este tipo de historia: la adicción a la heroína del Charlie Parker de Clint Eastwood en Bird, y el éxito de su propia música en los circuitos comerciales, punto muy en común con la vida de compositores como Glenn Miller o Cole Porter, si recordamos Música y lágrimas, de Anthony Mann, Noche y día, de Michael Curtiz, o la más reciente De-Lovely, de Irwin Winkler.

Estructuralmente, Ray sigue todos los cánones del cine moderno, narrando la infancia del músico a base de sucesivos flashbacks, lo cual ha sido criticado por muchos aunque asumido por todos, ya que, bien mirado, al espectador no le conviene saber qué es lo que motiva las delirantes alucinaciones del protagonista hasta el segundo tercio del film, en el que se nos desvela una infancia traumática, marcada por el ahogamiento de su hermano pequeño y por su propia ceguera. Lo que no sabemos si es acierto o desatino es el final de la película, pobremente hilvanado, en el que se nos muestran imágenes de archivo del personaje real durante un homenaje que se le concedió en Georgia, su Estado natal, al que dedicó su más memorable canción.

 

A pesar de ser un tanto previsible, la vida de Ray Chales resulta tan amena como vibrante, vista desde los ojos de Taylor Hackford, quien deja entrever su amor por la música en cada uno de los ejercicios virtuosísticos  de Charles, o mejor dicho de Foxx, que son los que conforman el verdadero interés de una cinta plagada de aspectos discutibles pero que, en definitiva, hará las delicias de los fans del genio, y conmoverá al público en general.

 

 

 

jueves 13 de marzo de 2008

Viejas Críticas: Old Boy (2003)

Old Boy

 

¿Por qué la ultraviolencia es entendida por muchos como una degradación de los valores? Existen cuadros de la corriente naif que muestran temas escabrosos como violaciones y matanzas. Estas obras son observadas con aprobación por las mismas mentes bienpensantes que consideran que un tío que le está arrancando los dientes  a otro con el revés de un martillo mientras suena el Invierno de Vivaldi no es arte, mientras que lo primero sí lo es. Esta escena pertenece a la película Old Boy, del surcoreano Park Chan-wook, primera obra maestra estrenada este año en nuestras pantallas.

El mismo Aristóteles dijo en su Poética que el hecho de ver un perro moribundo en la vida real nos produciría lástima y náuseas, mientras que si lo que estamos viendo es una fiel representación de la muerte de dicho perro sentiremos lástima igualmente, pero nos deleitaremos con la espeluznante imagen del cadáver, ya que sufriremos un proceso catártico que nos hará valorar en mayor medida nuestra propia vida.

Oh Dae-su es recluido en una habitación, en contra de su voluntad, durante quince años. Cuando es liberado, decide averiguar la identidad de sus secuestradores y el porqué de toda la locura que le rodea. Durante su cautiverio veremos al protagonista de Old Boy endurecerse, transformándose en una especie de anti-superhéroe capaz de abatir a todo enemigo con sus propios puños, aguantar cualquier tipo de tortura, tanto física como psicológica, o bien ser capaz de tragarse un pulpo entero, imagen que hiere ostensiblemente la retina del espectador (al igual que muchas otras), quien a la salida del cine tendrá la sensación de haber presenciado un sueño o una alucinación muy poderosa.

Park Chan-wook logra, con una gran sensibilidad, transformar un argumento eminentemente comercial (los americanos ya están rodando el remake) en una historia épica llena de lirismo y fuerza dramática, a través de una serie de imágenes con sello de autor que aúnan lo mejor del cine oriental actual, aunque también toman reminiscencias de algunos de los más importantes títulos del cine de occidente.

Si exceptuáramos la maravillosa Salinui chueok (Memories of murder, de Bong Joon-ho), podríamos decir que Old Boy es la mejor película surcoreana de los últimos tiempos. Una auténtica joya.

 

 

 

 

Viejas Críticas: Kill Bill Vol.1 (2003)

Kill Bill volumen 1

 

Tarantino siempre demostró un gran talento como guionista y una incuestionable destreza como realizador. Pero su cine siempre fue recatado en cuanto a la acción, poniendo muchas veces más énfasis en el diálogo que en la puesta en escena. Incluso se podría decir que existía en su obra una cierta aprensión hacia los espacios abiertos. Si tuviera que hacer una película de terror, nunca  dirigiría ¿Quién puede matar a un niño?, sino que haría algo más parecido a La residencia, siempre arropado por un espacio bien delimitado y con un cierto aislamiento. Sin embargo, y aunque no abandona su amor por la acotación espacial, Kill Bill volumen 1 le consagra como director todo terreno, capaz de enfrentarse a cualquier descabellada secuencia de acción y artes marciales.

María de Medeiros había comentado una vez que Quentin Tarantino, pese a su gusto por la sangre y la violencia, no dejaba de ser un director moral, ya que siempre nos mostraba la muerte de un personaje conocido. Probablemente, el famoso cineasta de Knoxville estuvo de acuerdo con dicha afirmación, pero seguro que no pensó en nada de todo esto cuando dirigió Reservoir Dogs o Pulp Fiction, ya que en el primer volumen de Kill Bill los fallecidos se suceden sin ton ni son, y sin que el espectador conozca la identidad de la mayoría de todos ellos; y la sangre no sólo aparece ocasionalmente, sino que chorrea por aspersión de entre los miembros cercenados de las víctimas.

Pero tengamos en cuenta que, así como las películas de Indiana Jones estaban impregnadas del espíritu y la forma de los seriales televisivos de los años 40, Kill Bill recoge la esencia de las series chinas y japonesas de los 60 y 70, además de homenajear a películas del cine nipón, como por ejemplo Shurayukihime (Toshiya Fujita, 1973), Dao (Tsui Hark, 1995) y, más en general, a todo el estilo manga japonés. Por ello, no nos debe extrañar que la sangre juegue un papel protagonista en la cuarta película de Tarantino, ya que sus influencias orientales no conciben el líquido rojo sino como algo bello y perfecto, símbolo de la vida y la pasión.

Las dos trabas principales del film son: en primer lugar, que tenemos que esperar al segundo volumen para ver cómo acaba y, en segundo, que se trata de un cine sin mensaje. O quizá sí que lo tenga: ¡Mata a Bill! A él y a todos los que piden a gritos tu venganza. Pero hazlo despacio.

 

 

Viejas Críticas: Cold Mountain (2003)

Cold Mountain

 

Partamos de la base de que no existe la espléndida novela de Charles Frazier, e imaginemos que Cold Mountain sólo es una película más, ambientada en la guerra civil estadounidense. En este caso, ¿vemos o no las estridencias que se suceden sin parar a lo largo y ancho de todo film? Lo mejor será que las vayamos enumerando una a una:

1.      Los cimientos de esta obra se revuelven en todo momento debido a un guión mal adaptado, fruto de una decisión por parte de productores y accionistas, que pensaron que Anthony Minghella podría ser, de nuevo, un baluarte dentro de la gala de los oscars, tras su merecido éxito con El paciente inglés, película que no deja de ser, al igual que todas las que la han sucedido, un relato preciosista que debe el 90 % de su ingenio a grandes películas anteriores.

2.      Volvemos a subrayar la poca pericia de Minghella como guionista, refiriéndonos brevemente a los obvios y poco elocuentes diálogos, a su poca profundización en los personajes y a gran cantidad de secuencias que podían haber sido suprimidas, puesto el cine es un medio audiovisual, no literario, y en el discurso de un film, todo aquello que no suma, resta.

3.       El montaje mal hecho de acciones paralelas las cuales, muy lejos de complementarse para luego llegar a confluir, se entrecortan estrepitosamente hasta tal punto que el espectador ya no sabe qué es lo que está viendo.

4.      La poco apropiada y, en ocasiones, descabalada, realización técnica por parte del director y, en especial, en la secuencia inicial de la batalla, la cual pretende emular a Salvar al soldado Ryan y Gladiador sin saber con cuál de las dos quedarse, y pierde de vista la fundamental presentación del personaje, que hubiera tenido lugar ahí.

5.      La pésima interpretación de Renee Zellweger que, en vez de dar un contrapunto cómico, logra que el espectador empiece a simpatizar con esos villanos tan exagerados que aparecen en el film, con el ferviente deseo de que hagan de las suyas y quemen de una vez su granja.

Y una pregunta para finalizar: ¿por qué la mayoría de estas historias no están narradas desde el punto de vista de los unionistas?

 

 

Viejas Críticas: Gangs of New York (2002)

GANGS OF NEW YORK

 

Existen varias formas de referirse a Gangs of New York: el film más caro producido de manera independiente; una recreación de los bajos fondos neoyorkinos de mediados del siglo XIX (diseñados y reconstruidos con esmero por Dante Ferretti); o bien, un rodaje a todas luces problemático y polémico. Aunque lo más apropiado sería definirla como la obra más ambiciosa de Martin Scorsese, un director perfeccionista e inquieto, que rechazó realizar La lista de Schindler, alegando que sólo sería capaz de llevarla a cabo un judío, y que invirtió un año de su tiempo en montar Uno de los nuestros y La edad de la inocencia.

A pesar de sus tres décadas de gestación, desde que Scorsese se encaprichó de la novela de Herbert Asbury, y de sus 127 días de rodaje en Cinecittá , amén de un estilo visual fluido e impactante, la película adolece de un problema básico: no está bien escrita. No pone el énfasis suficiente en los puntos en los que el relato debería alcanzar un cierto clímax. No deja lo bastante claro en qué pretende centrarse, es decir, si quiere contar la historia de cómo Nueva York forja sus orígenes en las calles encharcadas de barro y plagadas de maleantes, y no en las altas esferas políticas (reflexión bastante acertada); o bien si quiere acercarnos a la supuesta y casi inapreciable venganza protagonizada por Leonardo DiCaprio, personaje que se manifiesta como una de las mayores fisuras dentro de la película, presentándose como poco interesante, de talante no muy maduro y acompañado de una voz en off intempestiva e innecesaria (no olvidemos que este recurso había sido empleado con gran maestría en otros films de Scorsese).

Para señalar algún pro de este inusual largometraje (dentro de una cartelera norteamericana de baja calidad), destacaremos la presencia del actor Daniel Day-Lewis, que dejó de interpretar al zapatero de la realidad para dar paso al carnicero de la ficción, jefe de los llamados nativos, al que da vida con sorprendente carisma.

 En resumen, aunque Martin Scorsese ha intentado emular la grandeza de los films de Coppola, remitiéndose a un período histórico poco manoseado por el cine, y sin sucumbir a los efectos digitales de última generación, Gangs of New York no constituye ni mucho menos uno de los mejores trabajos del director, quien cuenta en su haber con algunas cumbres cinematográficas como Taxi driver, Casino o Toro Salvaje.

 

Viejas Críticas: About Schmidt (2002)

ABOUT SCHMIDT

 

Es posible que las películas de Alexander Payne, dentro de su corta trayectoria, inviten deliberadamente a la reflexión, por tratarse de un cine inteligente, y mordaz en ocasiones. Election, su penúltimo film, da cuenta del humor ácido de este joven realizador y guionista que, además de haber pasado por la universidad y la escuela de cine, estudió Filología Hispánica en la Universidad de Salamanca.

About Schmidt narra la crisis de un hombre maduro que, poco a poco, ve su vida caer en picado, y emprende un azaroso viaje con ánimo de zambullirse en sí mismo, y así descubrir cuál es el nuevo sentido de su vida. Payne emplea el elemento unificador de la voz en off, justificándola por medio de los textos enviados por el personaje de Jack Nicholson a un niño del tercer mundo, al que adopta como medio de redención personal, y para compensar la soledad que siente.

A un nivel más experto, la película incita a otro tipo de reflexiones, sin ser consciente de ello. About Schmidt es, aparentemente, un film de corte independiente; y sin embargo no puede evitar seguir todos los cánones del cine comercial y de su star-system. Según declaraciones del propio director, la película fue un encargo de la productora, que buscaba un proyecto en el que Jack Nicholson pudiera lucirse, tal vez con el objeto de realizar un film anodino con el que el actor pudiese conseguir su cuarto oscar, convirtiéndose así en el intérprete masculino que más estatuillas hubiera logrado (como ocurrió en el caso de Mejor imposible).

No menospreciaremos el trabajo de Jack Nicholson. Si bien cada palabra del guión está escrita para que salga de sus labios, este curtido actor siempre consigue enriquecer la acción con su mirada y sus gestos. Sin duda, su interpretación constituye el mayor encanto de la película. Por lo tanto, no culparemos a Nicholson de que dicho guión no sea uno de los trabajos más acertados de Alexander Payne (aunque tiene más calidad que la tercera parte de Parque Jurásico, firmada también por él). Schmidt se parece más a un niño pequeño que a una persona adulta, y molesta a ciertas sensibilidades, yuxtaponiendo sus insignificantes problemas a los de un niño africano, que, huelga decirlo, son de una índole mucho mayor.

Ni buena ni mala. About Schmidt deja al espectador a la espera de algo mejor de lo que ha visto.